En el último día de la Semana Calasanz tuvimos la oportunidad de celebrar la fiesta de nuestra identidad, sentirnos parte una historia llamada Calasanz.
Las celebraciones de este día estuvieron encabezadas por la celebración de la eucaristía, en donde estudiantes, docentes, personal administrativo y de servicios generales, padres de familia, y sobre todo con la presencia especial y significativa de los niños y niñas beneficiarios de la obra de educación no formal Talentos Calasancios.
La eucaristía, presidida por Daniel Toro, y concelebrada por los padres Marco y Gregorio, fue un espacio para reconocer tres elementos propios de sentirnos parte de esta historia llamada Calasanz: la primera realidad es vivir en esperanza, esperar contra toda esperanza, pues ser hijos de Calasanz es saber que, si bien podemos estar en un mundo que se está destruyendo poco a poco, aproximándonos a un periodo de mayor cambio, no podemos tener una actitud derrotista, sino que es necesario centrarnos en la esperanza, porque somos hijos de la esperanza, somos parte de una historia que nos impulsa a creer que este cuento es diferente, que podemos soñar cosas nuevas, que podemos soñar con ser felices, y no solo soñarlo, sino que podemos serlo, somos parte de una historia que nos mueve a construir algo nuevo, a transformar esta sociedad llena de corrupción, de odio, de mentira, de rechazo... ¡Somos hijos de la esperanza!
La segunda realidad es hacernos pequeños: Jesús pone en el centro a un niño, a alguien que no solía ser tenido en cuenta. Jesús pone en el centro a un niño porque sabe que son “personas poco serias” que nunca se atreverían a rechazar un regalo. Por eso los llama, por eso nos invita a mirar las actitudes de los pequeños. Ser parte de esta historia es ser capaces de aceptar el más hermoso de los regalos, en donde nos sintamos capaces de disfrutarlo, de apreciarlo, de quererlo. Hemos recibido en nuestra vida realidades maravillosas, profundas; está en nuestras manos la decisión de aceptar este regalo.
Él último elemento es la presencia de Calasanz, es reconocerlo presente en cada uno de aquellos profesores y personas que nos han acompañado, quienes, con su dedicación y entrega, han sido una chispita de Calasanz, una presencia sencilla de él, aunque realmente ha sido de Jesús. Ellos han hecho vivo y claro lo expresado por San Pablo a la comunidad de Tesalónica: “Nuestra ternura hacia ustedes es como la de una madre que cuida con mimo a sus hijos, de tal manera que al mismo tiempo hubiéramos querido entregar, no solo el evangelio, sino nuestra propia vida. ¡Tanto llegamos a quererlos!”.
En medio de la eucaristía, celebramos también la entrega de insignias del Movimiento Calasanz, en donde los integrantes de MIES, Aventura Alacchi y Movimiento Juvenil Calasancio recibieron un signo que los vincula en este camino de vida comunitaria y de crecimiento de la mano de Jesús y Calasanz.
Después de la celebración eucarística tuvimos el Picnic Calasancio, en el que compartimos, en medio de un maravilloso día soleado, nuestra fiesta. Todos los estudiantes, docentes, y niños de Talentos Calasancios, nos gozamos en la alegría de ser parte de esta historia.
El día lo culminamos con un espacio en el que la comunidad religiosa escolapia, los docentes, el personal de servicios generales y administrativos, y algunos invitados, compartieron un almuerzo como comunidad y familia calasancia.
Una vez más celebramos a Calasanz, y una vez más nos alegramos por sentirnos parte de esta historia que comenzó hace más de 400 años.
¡Felicidades Calasancios!
Por: Daniel Toro Candamil Sch. P.